lunes, 16 de julio de 2012

Juan José y el influjo nocturno






Mi estimado Mao, es un placer grande saber de ti después de tanto tiempo. Por lo que veo, hay cosas que no cambian mucho. Lo digo por lo que me cuentas respecto a tus dos bancos que, debido a la cómo te expresas de ellos, ya siento que los conozco de tiempo atrás y que he convivido con ellos de una forma u otra. Por la manera en que los describes (“siendo útiles a su modo”) da la impresión de que hablas del mexicano que trata de sacudirse el peso antropológico que trae a sus espaldas para intentar ser algo nuevo, al menos, como tú dices, para se útil a su modo. A final de cuentas, al definir a esos bancos nos llevaste a todos de corbata.
   
Hace unos días empecé a leer El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, y me encontré con una idea que hizo pensar en tus bancos. En el subcapítulo La influencia del medio, Ramos termina por definir al indígena y al español de este modo: “El destino histórico colocó a aquellos hombres en medio de dos mundos que nos son plenamente suyos. Ya no es europeo, porque vive en América, ni es americano porque el atavismo conserva su sentido europeo de la vida. De este conflicto psicológico inicial derivan los accidentes peculiares de nuestra historia”. Prueba de este atavismo europeo es nuestro afrancesamiento después de la independencia.

Como tus bancos, me pregunto si también nosotros fuimos “dotados de una personalidad más bien anodina en su nacimiento, adquiriendo carácter y enjundia a fuerza de sinsabores y golpes y arañazos y apretujaderos y amontonamientos”. No haría semejante comparación si esta carta la hubiera escrito antes del primero de julio. Sigo sin entender qué pasó, cómo es posible que a pesar de tanto información hubo mexicanos que se inclinaron por el inefable partido de los dinosaurios. El hecho de que me encuentre leyendo el libro de Ramos no es fortuito sino deliberado y con el afán de comprender qué pasó y cómo ante la oportunidad de hacer algo distinto con este país optamos por lo mismo, amén de los delitos electorales, claro. 

Puedo decirte que he encontrado algunas respuestas pero eso lo dejo para otra ocasión.

Respecto a la ciudad, yo creo que las cosas se ven igual cuando uno se mantiene en la misma línea. A riesgo de equivocarme y hacer de mí una falsa idea, la ciudad me parece cambiada.

Ya estoy por terminar la universidad, sólo es cosa de ver unos detalles que hacen falta. Te puedo decir que estos cuatro años son algo que jamás olvidaré. Si bien fueron muy productivos en cierto aspecto, también hubo carencias de otro tipo. Al enfocarme en la carrera descuidé otros puntos no menos importantes y esto, de un modo u otro, me causaron conflictos y, me atrevo a decirlo, cambios de personalidad. Aun no sé si para bien o para mal, lo sabré en su momento. Por lo pronto me siento muy bien.

Ahora ya me puedo dedicar a mis proyectos personales, durante la carrera empecé a escribir algunas cosas pero nunca pude darme el tiempo para concluir nada, ahora es el momento. 

Te cuento que el próximo mes regreso a la Ibero, esto me tiene entusiasmado no sólo por la materia que impartiré sino porque regreso a una universidad donde trabajé muy a gusto hace cuatro años. Y gracias a tus exigencias como coordinador hicimos cosas relevantes, de no ser por tu necedad, jamás me hubiera aventado un montaje como el que hicimos. Era casi un suicidio artístico.

Te mando un fuerte abrazo, mi querido Mao. Seguimos en contacto.

Juan José Luna12 de julio, Tijuana.