lunes, 9 de julio de 2012

VER, Reflexionar


Cuando decimos que estamos viendo estamos tratando de acercarnos a las sensaciones que podemos captar con los ojos y que el cerebro convierte en una serie de información fundamental para la supervivencia humana, que hemos heredado de nuestros antepasados biológicos. Las sensaciones visuales son los colores, intensidad de luz (claro / oscuro). Proximidad, lejanía.
El ojo humano es una especie de filtro por el cual estas sensaciones se tamizan –dentro de las posibilidades visuales que la evolución nos ha dado- , llegan al cerebro a través del nervio óptico y ahí es donde se procesan y se ordenan de a cuerdo a lo que se a aprendido en el transcurso de la vida. La experiencia personal y cultural es un medio fundamental para ordenar la información del exterior, cabe mencionar que en algún momento de la edad media los marinos podían ver a simple vista al planeta Venus para poder realizar maniobras de ubicación, esta experiencia también está documentada en el mundo prehispánico. Hoy en día en caso de tener la intención de querer ver a Venus o alguna otra experiencia visual que no esté contextualizada en nuestra cultura generalmente se tendrán pocas herramientas para entender o contextualizar esta experiencia para darle su lugar dentro de nuestra experiencia.
Así mismo sucede con el arte visual y cualquier expresión artística-cultural con la cual  tengamos una experiencia limitada o nula dentro de su esfera de acción. De tal manera que hablar de arte así en general algunas veces resulta vago y poco edificante ya que la experiencia sensoperceptiva tendrá que contar con una serie de ejemplos descritos y valorados. La falta de esta experiencia y entrenamiento hace que la observación y valoración de la experiencia artística sea un laberinto en donde inevitablemente encontraremos al Minotauro. Enfrentarnos a las expresiones artísticas solo con la sensibilidad que nos da nuestro entorno nos condena  a ver, imaginar y sentir solamente de manera parcial la experiencia estética.

Es arto peligroso querer ver/sentir/pensar desde un punto donde no podemos hacerlo, en términos generales este interés se verá coronado por la frustración y a la banalización y superficialidad del fenómeno artístico en general. Frustración ya que nunca obtendremos esto tan mentado de la experiencia estética, del abismarse en la obra, de encontrar caminos de reflexión y del paso a un estado más elevado de la experiencia humana, y solo podremos acceder a lo superficial, a la apariencia, a lo que parece arte y a lo que podemos delimitar como un acercamiento a la apariencia del arte, sugerir que un artista es mejor por el hecho que se ve mejor o que su obra se comenta en ciertos círculos sin tomar en cuenta nuestros valores éticos o religiosos, comunitarios, etcétera. Esto es sin lugar a duda es banalizar al arte, hacerlo accesorio y quitarle la potencia que puede tener dentro de nuestro diario acontecer. La demagogia de que el sentimiento es lo que importa a la aproximación de las experiencia artísticas es una de las formas mas clásicas de quitarle el valor al mismo arte, esto lamentablemente se hace muchas veces sin que siquiera sea de manera consiente –quiero pensar- por artistas, promotores culturales y medios masivos.
Si queremos aproximarnos al arte y aun no tenemos esta noción general para la contextualización de las obras y sus sutilezas técnicas y conceptuales siempre es buen momento para reflexionar sobre el vasto mundo de la creación humana a través del tiempo. Hay diarios y revistas especializadas al alcance de todos. A través de los medios digitales, de las instituciones de promoción y difusión cultural y claro esta a través de los creadores. Lo importante en todo caso con los autores es preguntar una y otra vez lo que creamos conveniente, las dudas que tengamos y las tesis que realicemos a partir de la observación, lecturas y las discusiones que podamos tener con  familiares y amigos sobre el asunto. Cualquier obra es un buen medio para iniciar el trabajo indagatorio. Ya sea una canción de Antonio Aguilar o un nocturno de Chopin, un grafiti, una ilustración o una obra de Pedro Coronel. Los bailes de una fiesta o las danzas contemporáneas. Cada una de las creaciones humanas tienen un porqué y han sido realizadas en un tiempo y un espacio determinado, así que en sí mismas son una pequeña porción de ese tiempo y ese espacio que podemos recrear y repensar. Las obras tendrán el valor que nosotros queramos darle ya informados y sensibilizados. Nunca el valor que otros quieran sugerir o imponer sin argumento alguno.
De tal manera que disfrutemos de nuestro entorno lleno de creaciones valientes y profundamente humanas, aunque las circunstancias no sean tan favorables.




Texto Miguel Angel Ortiz Bonilla. Julio 2012. Ilustración. Susana Salinas. Sin título (fragmento) Tinta sobre papel. 39x12cm. 2012