domingo, 24 de junio de 2012

El arte y la cotidianidad

Intermitentes

La cotidianidad son una serie de situaciones que vivimos diariamente, lo cotidiano es una situación en la que cada uno de nosotros esta inmerso ya sea de manera voluntaria o no. Lo cotidiano varia de acuerdo a la persona que la viva, para un pescador en Mazatlán el mar es su entorno de trabajo, para un burócrata de Zacatecas es una situación especial en su vida. Es así que en el transcurso de la vida el individuo tiene una parte incompartible y de ese punto hacia afuera se va regulando esa parte intima hacia lo público, hacia el ser que actúa en grupo, en la sociedad.  Una  de las conformaciones cerebrales del humano esta dispuesta a tener un grupo amplio de ¨conocidos¨, esto es aproximadamente ciento veinte personas, que los científicos calculan que fue el número de miembros de las familias-comunidad primitivas. Los amigos de más en las redes sociales son mero acto egolátrico-consumista.

 Nuestra realidad material nos determina: las circunstancias socio económicas de nuestro tiempo, los conocimientos científicos, los desarrollos tecnológicos y nuestras creencias religiosas nos delimitan el campo de acción de nuestro cuerpo y nuestra mente, no podemos ser sino hijos de nuestro tiempo. Hijos mas o menos inteligentes, capaces, etcétera. Esa cotidianidad en la que estamos sumergidos y en la que hay días que nos pesa tanto que pareciera que somos la replica hogareña de Sísifo, nos impide por momentos revisar nuestro entorno para desmenuzar esta realidad de manera mas reflexiva y menos dirigida por las emociones que fomentan los  medios de control.
Cuando podemos liberarnos un poco de los agobios de estas imposiciones y podemos dirigir el pensamiento-mirada o el pensamiento-audición o el pensamiento-gusto o el pensamiento-tacto  o el pensamiento-olfato hacia algo concreto es cuando tenemos la posibilidad de crecer como seres pensantes, es cuando nuestra inteligencia construye nexos entre nuestra experiencia de vida con el todo representado por esa experiencia  de lo construido. Un objeto creado,  música, palabra, lectura, un platillo sorpresivo. El acto del descubrimiento consiente del mundo a partir de nuestros sentidos es un acto creativo, y es cuando el acto de montar en bicicleta para ir por el periódico o hacer la carrera en la montaña es la mas grande creación del piloto del artefacto.
Otros objetos creados para exaltar estos pensamientos son las obras de arte. Objetos que han  tenido diversas presentaciones a través de la historia, y desde hace poco tiempo estos objetos tienen el nombre de arte y claro más o menos desde la misma época existen los artistas. Para bien y para mal. Ya en otro momento platicaremos de como se construyó la idea de arte y de artista. Por el momento baste decir que el arte como idea es nueva dentro de la larga historia de la humanidad. Un poco antes del renacimiento se empezó a barajar este término y a crecido grande y fuerte. Quizá en nuestro tiempo el decline de este termino y lo que conlleva se esté gestando.

En fin, continuemos. El arte, las obras de arte son objetos en los cuales un individuo vierte sus conocimientos, su realidad y su cotidianidad. El arte es un reflejo de las ideas  que se manejan en el entorno de su creación. El arte y los artistas no pueden ser otras cosas que hijos de su tiempo y de sus circunstancias, cualquier promoción de un artista como ¨adelantado¨ es sólo eso. Ni Leonardo, ni ningún otro dejaron de tener ese sabor a circunstancia local. Las  diversas maquinas y propuestas  técnicas y artísticas fueron hijas de la necesidad para permanecer vigente en un medio violento y ávido de belleza a cualquier precio.
En medios mas cercanos los creadores están prestos –consiente o inconscientemente- a las veleidades del medio, a los adelantos de la ciencia y la tecnología y a los postulados religiosos o de libre pensamiento. Todo ello hace de las obras creadas parte de nuestra realidad. De la circunstancia en que estamos envueltos en nuestra comunidad, en nuestro mundo global de miles de amigos del ¨Feis¨ y a la realidad de los ciento veinte conocidos que circulan por el pueblo. Las obras son un recipiente que contiene. Y los espectadores son los degustadores de lo contenido y revisionistas del recipiente.
Las bondades del arte son en la medida en que provocan la reflexión. El arte en mi punto de vista no puede ser el final de proceso de trabajo, la conclusión, el ejemplo de maestría de un individuo. Definitivamente esto da un golpe de clausura a la invención. Todo objeto artístico es refutable como postulado conceptual y como proceso técnico. Así mismo este objeto ambiguo puede ser construido y recreado por el espectador al nivel intelectual que se encuentre puesto que la experiencia de vida e inteligencia humana da elementos para construir asociaciones.
¿Qué podemos encontrar en esos objetos llamado arte? En las carreras del ir y venir, en  la tarde de cansancio después del trabajo o en ese domingo abrumador e interminable  aun hay algo que podemos hacer para buscar un poco de paz en la mente: Escuchar, ver, sentir, degustar, oler. Cualquier creación que este a nuestro alcance es suficiente. Escuchar para construir el espacio y las distancias, el equilibrio. Ver para analizar los tamaños y formas y las relaciones que hay en ellas. Tocar los objetos que tenemos próximos para sentir las texturas, el peso, las dimensiones. Descubrir con el dulce o platillo como son las texturas de los alimentos y como están al tiempo lo dulce y lo salado. Y repasar los olores de los objetos, de las plantas y de lo que podamos enriquecer con el sentido mas profundo que tenemos.
El arte esta en los ojos de quien lo usa para descubrir la riqueza de la experiencia de la vida diaria. Los artistas en el mejor de los casos proponen, sugieren. Tomemos lo que nos rodea y reflexionemos sobre nuestra realidad, sobre estos pensamientos que nos inquietan y pongámosles nombre, y usemos las obras que estén a nuestro alcance para que sean una inflexión en nuestro diario acontecer para encontrarnos en la mejor de los ambientes con nosotros mismos.



Texto, Miguel Ángel Ortiz Bonilla. Ilustraciones, Susana Salinas. Cada ilustración tinta sobre papel 17x14cm. 2012.