martes, 19 de junio de 2012

Carta UNO


Juan José

Espero que te encuentres bien.
Entre tantas emociones que dan los entornos políticos y económicos. Tanto por ver, por hacer y por imaginar.

Y ahora,  como hemos platicado en línea ahora podamos iniciar una conversación un poco más a partir de este medio tan benigno.
He dado muchas vueltas en torno al inicio de esta carta, he pensado en temas de nuestro trabajo y en torno a los acontecimientos que están dando de qué hablar en todo el país y cada una de estas posibilidades me ha parecido o demasiado alejada de nosotros o  demasiado irreal.
No me ha sido fácil tomar la determinación de escribir.
Es el miedo al papel en blanco pero también es el túmulo de ideas que me gustaría compartir. Ya son dos años y tantos meses fuera de Tijuana y esto también juega un papel ya que la ciudad, los entornos  que hemos compartido por momentos se borra, lo recuerdo entre brumas y en otro momento se  convierte en lo más real que puedo pensar.  No hay manera de comparara los espacios, las historias y las personas de dos ciudades y a veces tres. Aunque las personas para muchos males y pocos bienes somos lo mismo. Siempre somos lo mismo aquí o allá. En fin, que lo que sí ha sido muy claro es que el tiempo sigue y sigue y sigue. No espera ni da pausa.
Playas sigue igual. El centro sigue igual, los gringos siguen igual, los mexicanos espero que no sigamos igual. 

Ahora, en estos tiempos tan revueltos en nuestro país ¿Qué hará la diferencia? Creo que de una u otra manera necesitamos como sociedad dar un paso al  frente. Necesitamos quitarnos las viejas costumbres que muchas veces ya no usamos, las creencias inútiles, los viejos atavismos que nos hacen actuar como siempre dependientes y siempre pobres en ideas y en espíritu, siendo que tenemos lo suficiente para bastarnos como pueblo de pueblos. Entre las ciudades del país hay muchas diferencias, muchas similitudes, pero lo que es más patente es la abismal diferencia entre la riqueza y la pobreza. El racismo que esta a cada puerta y el abuso permanente de los políticos su ignorancia. En menudo problema estamos metidos. Ni como decir que si se acaba el mundo nos vamos a Yucatán. Por el momento preferiría ir a Playas a alguno de esos lugares frente a la playa que hemos conocido, para tomar una cerveza bien fría, al Colima o al Vallarta, no se cual esté mejor en este momento. El calor y las desdichas se adueñan de las circunstancias, Tantas vacas muertas que se ven en los caminos de Zacs. Aunque, claro, hay mucho que hacer: las obras que faltan, las alegrías propias y ajenas, y la tragedia nos envuelven poco a poco.

En estos días he lijado y barnizado dos bancos de madera, ese tipo de objetos que nunca sabes de donde salieron, ni son bellos ni son bien hechos ni serán pieza de museo. Pero ahí están, siendo útiles a su modo, elaborados en línea y dotados de una personalidad más bien anodida en su nacimiento, adquiriendo carácter y enjundia a fuerza de sinsabores y golpes y arañazos y apretujaderos y amontonamientos. 

 Aunando la  desdicha que el antiguo dueño añadió,  Vivían su vida en la más espeluznante suciedad. Algún genio del diseño con iniciativa tuvo  a bien recortar las patas por alguna extraña razón. Ahora los dos son cojos teniendo sus cuatro patas. Son enfermos funcionales con un color nuevo y homogéneo, lucen como viejos con un poco de dignidad recuperada. Uno –el mas alto y mejor construido- esta de base en la mesa de dibujo, ahí, esperando para cuando sea necesario entrar en acción, su entorno es siempre el mismo, cambios mínimos. El otro –más bajito y modesto- está ahora mismo junto a mi cama, como apoyo para los desvelos y sostener libros, cuadernos y compu. Este bajito, es un comodín. Su espíritu se amolda a las necesidades, desde escalera a base para cesto de ropa sucia. Pienso que la vida de estos personajes a cambiado, tal vez un poco  aburrida pero no se puede tener todo en una sola vida.
He reacomodado libros, discos y una caja grande de cassettes, seres más bien fantasmas. Fuera de circulación, pienso que debería tirarlos pero los dejare en sus cajas por el momento, además cuento con un aparato reproductor así que cuando sea posible escuchare uno o dos de estos jóvenes dinosaurios para evocar tiempos pasados que quizá fueron tan malos como cualquier tiempo pero seguro que se recordaran como mejores.
Las cajas con dibujos siguen inmóviles. Empolvadas. Cuando fui por primera vez a Tijuana estaban cerradas, e ido y venido y siguen igual. Ahora que he estado por acá e tenido la tentación de abrir alguna de ellas y revisar el contenido, clasificar y editar la información de los dibujos que ahí se encuentran y por supuesto que la decidía a ganado en todo momento, no es que no me interese la obra que ahí se encuentra pero pienso que no me va a sorprender lo que encuentre, lo que e hecho y no recuerdo, pienso que tengo que esperar, digamos diez años más para investigar los contenidos y poder decir: ¿Cómo he podido hacer esto?
Y así trascurren los días. Entre los escritos, los acomodos y desacomodos propios de la edad y la crisis permanente que nos ha tocado vivir con la corrupción más grande que los males de la caja de pandora.  

Y así un día y otro llegan y se van, se escurren entre los dedos, esperando a que llueva para que por lo menos haya esperanza de que este un poco mejor el medio, por lo menos ver un poco de verde brillante en las yerbas del monte.  También me gustaría esperar un poco de lluvia de buenas intenciones. Y también me gustaría un buen par de tacos de pescado. Y también me gustaría ir al Dandy del Sur. O ya de perdida al Nelson, aunque ahí siempre hay demasiados fumadores que para mi ya es insoportable. Me gustaría también equilibrar más los tantos de tiempo para poder hacer un poquitín más de dibujos, de los             que aun no te cuento nada pero ya lo haré
Pero dejemos eso por un momento, ahora dime de tus cosas, y de la escuela. ¿Aun estas por allá? ¿Que es lo que preparas?
Espero que pronto nos podamos ver y platicar por lo pronto ahí va esta carta en una botella digita.


MAO
Zacatecas. 19 de junio de 2012